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10
Apr

Tensiones entre la tradición y la propia voz

Una reflexión sobre el encuentro con el director de cine Abbas Kiarostami
FOTO Campana

Fotograma de “Campana”, 2014.

Texto de Pablo Nicolás Burgos Bernal
(Cineasta Bogotano participante al Taller Filmando en Colombia con Abbas Kiatostami, Bogota marzo 2014)

Cuando aprendemos un oficio nos inscribimos en una tradición. La tradición enseña una forma probada de hacer las cosas. En el caso del cine, se aprende un lenguaje, una forma de narrar, una forma de producir. Para algunos, y es mi caso, esta tradición plantea una tensión. Se inscribe uno en una tradición que se desprecia y se aprende una manera de hacer las cosas que es incómoda por ajena y por impuesta.

El desprecio no es en este caso contrario a la admiración. Es decir, la pasión poralgunas de las expresiones de la tradición es inmensa. Lo que se desprecia es la imposición. Lo que admiro inmensamente en un director de cine de determinada tradición no podría admirarlo en mí, aun si fuese capaz de imitarlo a la perfección.

Así pudiese imitar a la perfección la manera de hacer una película de, digamos, Carlos Reygadas (naturalmente no sería capaz), no sería más que una imitación.

Lo que es admirable en Reygadas, sería despreciable en mí. Lo más admirable en Reygadas es justamente haber fundado una tradición. Para fundar una tradición es indispensable forjar una voz propia.

Esta es entonces la tensión natural de cualquier oficio creativo. Me inscribo en una tradición que admiro por la voz propia y única de su creador, buscando la forma más eficaz de deshacerme de ella para poder encontrar mi propia voz. Aprendo un oficio y, después de aprendido, me esfuerzo cada día en olvidarlo. Es necesario despreciar lo que más admiro.

Podría entonces pensarse que lo mejor en este caso es mantenerse al margen de la tradición, prudentemente alejado de la academia, y estratégicamente lejos de los maestros. Pero esta forma de pensar es un error. La voz propia se construye en la tensión con la tradición y los maestros.

Hay algo de suicida en este quehacer. La gran mayoría de los aprendices pierden su propia voz en el enfrentamiento con la tradición y los maestros. Muchos de los cineastas reconocidos como exitosos están en verdad muertos porque no son nada más que imitadores. Uno puede enternecerse y gozar de sus películas (con crispetas y gaseosa) como se enternece y goza uno viendo a los hijos jugar a ser bomberos… o cineastas. Pero sus películas son en realidad ejercicios de ventriloquia, la voz que vemos no corresponde a su creador. La voz que le corresponde pertenece a un muerto.

Buscamos entonces aquellos maestros que no imitan a nada ni a nadie. Buscamos los creadores que forjaron su propia voz. Pero nuestra búsqueda no va tras su voz –debo despreciar la tradición que admiro para no morir-. Mi pregunta al maestro es cómo hizo para encontrar su propia voz.

En el taller “Filmando en Colombia con Abbas Kiarostami”, el director iraní nos contó sobre uno de sus cortometrajes llamado “Huevos de la gaviota”. En la película el mar se roba uno por uno los huevos de una gaviota en un nido. Todo parece indicar que se trata de una escena real, documental, que Kiarostami se encuentra por casualidad y filma. Lo que nos cuenta el director es que los huevos no son de gaviota, nunca vio un nido semejante, se demoró diez días logrando la puesta en escena y la banda sonora, gritos de gaviota que uno interpreta como “angustiosos”, fueron grabados en cualquier otro lado.

A partir de esta anécdota, pensé que el trabajo que podía hacer en este taller, el que correspondía a este ejercicio de tensión con la tradición a la que acababa de inscribirme, siendo yo además documentalista, era un falso documental. Al maestro Kiarostami le gustó la idea, el tema, y el actor que después escogí. Sin embargo, después de ver terminada mi versión, me pidió volverlo a hacer de una forma completamente distinta. Es decir, él hubiese hecho algo con ese tema y ese actor, pero de otra manera. Me propuso que dejara un solo plano fijo de un lugar con mucha gente y la voz de mi actor en off. Que solo mostrara al actor una vez, un plano al comienzo en el que el actor pide que no muestre su rostro. Es decir, mostrar el rostro del actor en un plano en el que el actor dice que no muestre su rostro. A partir de ahí, solo su voz en off.

Fui terco y entregué para la proyección final mi versión del corto. La que propuso el maestro ni siquiera la hice.

Hablando con otros compañeros me fui enterando que lo mismo pasó con muchos.

Una era la propuesta del aprendiz, otra, muy diferente, la del maestro. Con el mismo material y con la misma idea, el maestro hubiese hecho el corto de otra manera.

Parece que Kiarostami lleva a la acción la tensión entre la tradición que él significa y la búsqueda de una voz propia de los aprendices. Gran maestro Kiarostami, porque el primero en hablar es el aprendiz. Así la voz del aprendiz está a salvo, no puede perderse.

¿Qué sentido tuvo entonces mi obstinación? Me acerco al maestro para escucharlo y luego hacer las cosas a mi manera. Nadie me hizo callar, fui el primero en hablar, pero yo sí callé al maestro, silencié su voz, la voz de la tradición a la que voluntariamente me inscribí. Silencié su voz dentro de mí. Quizás de alguna manera anulé la tensión.

A todas luces me equivoqué.

Por otro lado… hay tanto de obstinación en este oficio.

Pablo Nicolás Burgos Bernal. Realizador de cine y televisión formado en Viena, Austria. Desde 1996 ha participado en distintos proyectos colectivos en los ámbitos del arte y la cinematografía. Miembro fundador en Roma y Bogotá de la Corporación Internacional de Artistas Post Office Cowboys. Dirigió en el 2001 y 2002 el programa de Canal Capital Letras Capitales, sobre literatura y ciudad; la arquitectura y la ciudad (en 2003 y 2004 dirigió la serie de documentales Bogotá múltiples caras); la ciudad universitaria de Bogotá (en 2005 dirigió con Rocío Londoño el documental La ciudad blanca); las músicas del alma en Colombia, como el bullerengue y la tradición negra de la gaita (con Urián Sarmiento dirigió los documentales Bulla y silencio y Son de gaita); la obra de Rogelio Salmona (varios documentales con el Museo de Arquitectura de la Universidad Nacional); herramientas pedagógicas audiovisuales (asesoría y videos para la Secretaria de Educación). Además de videos para causas ambientales como el referendo del agua, resistencia civil para GIZ y ayuda humanitaria para la ong suiza HEKS. En el campo de las letras fue parte de la revista Conversaciones desde la Soledad con Santiago Mutis. Actualmente y desde el 2012 hace parte del proyecto de investigación “Tierras, organización social y territorio”, dirigido por la profesora Rocío Londoño, en el Centro Nacional de Memoria Histórica, a cargo de la propuesta de divulgación y editando la sección “Notas de campo” que puede verse en la página de internet del CNMH.